¿Qué son las células madre adultas?

Son células muy primitivas que existen en nuestro organismo y que fueron descubiertas hace pocos años. Habitan en todos los tejidos y órganos en cantidades infinitesimales y poseen la capacidad de diferenciarse en ciertos tejidos u órganos.
Según esta capacidad podemos clasificarlas en multipotenciales que darían lugar a varios tejidos o pluripoenciales que podrían dar lugar a todos los tejidos del cuerpo. Hoy en día se está intentando aprovechar esta cualidad con fines terapéuticos.
¿En qué campos médicos se utilizan?
La primera utilización tuvo lugar hace más de dos décadas cuando los hematólogos consiguieron reproducir la médula ósea de pacientes que iba a ser masivamente radiados para destruir un cáncer. Tomaban muestras de médula o de sangre y concentraban seleccionaban y concentraban un tipo especial de células madre llamadas hematopoiéticas.
Si bien los resultados fueron espectaculares, aún no se consiguieron los mismos resultados en otros tejidos aunque esto está a punto de cambiar.
En años recientes han proliferado estudios en humanos en aplicaciones tan diversas como infartos, diabetes, insuficiencia vascular periférica, pseudoartrosis de tibia y otros. Si bien los resultados son prometedores, no ha habido ninguna resolución radical de una enfermedad, al menos que hayan sido publicados en revistas médicas de impacto.
En nuestro caso conseguimos, tras años de laberinto burocrático, los permisos para un estudio clínico en pacientes en los que se habían agotado las terapias convencionales. El trabajo fue publicado en 2010 en el Journal of Plastic and Reconstructive Surgery de la Sociedad Norteamericana de Cirujanos Plásticos y Reconstructivos. Se trataba de la primera vez que la comunidad científica reconocía la resolución “ad integrum” de enfermedades severas y terminales mediante el empleo de células madre adultas habiéndose regenerado la piel, vasos sanguíneos, hueso, glándulas y nervios.
¿Especificidad en los tratamientos en reconstrucción facial?
La implementación de células madre adultas en tratamientos humanos implica un cambio de paradigma. Ya no se puede segregar el cuerpo humano y su espíritu. El cuerpo y la mente son una sola unidad y nuestras especialidades sólo representan un pensamiento compartimentalizado que pierde la visión del conjunto. En la terapia de células madre adultas interviene todo el cuerpo y toda la mente, sin parte, en su conjunto.
He aquí nuestra experiencia en los casos más recientes. Tras miles de horas de trabajo y estudio con 3 pacientes de la investigación mencionada, se pudieron establecer las directrices de futuras actuaciones y los problemas y peligros a evitar.
En este sentido, el equipo se encontró con un nuevo desafío que tampoco tenía una solución completa en la ciencia médica del momento: un paciente de la ONG, Emmanuel, de 16 años, llegó a Lugo con un gran tumor maxilar que debía ser extirpado cuanto antes. El problema es que estos tumores requieren una resección radical, dejando al niño sin ninguna posibilidad de masticación el resto de su vida y una importante marginación social por las graves deformidades estéticas que deja esta cirugía.
La solución vino por dos caminos inesperados: hace 9 años operamos a la madre de un conocido futbolista de un tumor; había, también, que extirpar la mandíbula pero optamos por sacar su tumor, congelar “in vivo” su mandíbula para destruir las células tumores que pudiesen quedar, y añadir injertos y factores de crecimiento de su propia sangre.
La paciente mantiene intactos sus rasgos faciales y come y lleva una vida completamente normal.
Esta técnica se publicó en 2006 en el Journal of Oral Surgery, Oral Pathology and Oral Medicine de EEUU. Combinando ambas técnicas pudimos desarrollar una nueva técnica para Emmanuel. Llevaría células madre en una mandíbula congelada en su propio cuerpo a –180 ºC. El éxito no tardó en llegar, el tumor ha desaparecido por completo, mantiene su rostro intacto y come como cualquier otro niño. La nueva técnica también se está en vías de publicación.
¿El futuro?
Lo resumiríamos en el titular: células y compasión. Es obvio que estamos en una gran encrucijada que va a determinar el futuro de la humanidad y del planeta. Hemos reducido significativamente las enfermedades infecciosas clásicas, sin embargo estamos siendo testigos del resurgir de nuevas infecciones con carácter de pandemias: Ébola, Sida, Ántrax, gripe aviar y otros procesos que están sospechosamente emparentados con manipulaciones humanas accidentales o intencionadas. Además, sufrimos el desenfrenado ascenso de las grandes enfermedades crónicas: diabetes, hipertensión, Parkinson, ELA, esclerosis múltiple, enfermedades autoinmunes, cardiopatías, autismo, demencia, cáncer y una larga lista que no parece tener fin.
Resulta curioso que como médicos del tercer mundo que somos, casi nunca o nunca vemos estos procesos. ¿De verdad hemos mejorado? O es simplemente la propaganda de un mundo materialista que no quiere reconocer su más absoluto fracaso, un mundo que libera guerras
preventivas en condición de ONG por razones humanitarias y que mientras se siega la vida de millones de inocentes el resto de la población mira hacia otra parte?
Nos hemos acomodado tanto a la injusticia y al crimen generalizado que nos mostramos impasibles ante la destrucción de nuestro mundo y la pérdida de los derechos civiles y los derechos humanos. El futuro con células madre adultas, medicina regenerativa y, en fin, con una medicina que abarque toda la experiencia humana y englobe todo el conocimiento de los antepasados pasa necesariamente por una humanidad de conciencia más elevada, comprometida con su mundo y sus semejantes y con metas espirituales de desarrollo interior lejos de la vorágine consumista de este tiempo.
Muchos gobiernos e instituciones han apostado por las células madre embrionarias. Esta abominación consiste en extraer las células del interior del blastocisto (embrión de 4-5 días) y transformarlas para que reconstruyan cualquier tejido u órgano. Para ello es necesario destruir un embrión humano. La cuestión es que los resultados de laboratorio
son excepcionales gracias a los billones de euros invertidos, y, si se consigue, podrían fabricar medicamentos celulares a escala mundial en un único centro y con beneficios astronómicos.
No obstante, las cosas están saliendo mal. Las células embrionarias enloquecen en organismos adultos; están diseñadas para generar bebés y no corazones rotos y acaban formando tumores, creciendo sin parar o destruyendo al huésped. Si esto es así, se preguntará el lector, ¿por qué no se investiga con las células madre adultas?: son seguras, eficaces, económicas y han demostrado repetidamente su capacidad de regenerar órganos complejos. El caso es que es una terapia muy personal, dirigida a un único paciente y donde el enfermo, los médicos y los científicos trabajan juntos y se conocen. No hay grandes beneficios económicos ni está centralizado el poder. El tratamiento es personalizado y tiene en cuenta todos los aspectos físicos mentales y espirituales del enfermo.
Hay otras muchas terapias médicas que otros especialistas están desarrollando con éxito y que, junto con la medicina regenerativa, conformarán el panorama del futuro de nuestra salud; no obstante, y ahora más que nunca, es condición absoluta y necesaria la elevación de la condición humana a la de un ser espiritual que busca su lugar en el cosmos.
Conclusión: de Lugo para el mundo, medicina y humanismo
El trabajo de los doctores Joaquín Mendonça, Pedro Juíz y todo su equipo de médicos, miembros de la ONG y benefactores, así como la reflexión final de la respuesta a nuestro cuestionario, pueden definirse parafraseando la frase de un escritor antiguo, cuando dijo que “la teología que no lleva a la práctica es teología del demonio”; y aplicándolo a la medicina, y en positivo, podemos decir: medicina que tiene como centro de su entrega la práctica en favor del ser humano es algo realmente divino.
Estos investigadores y la ONG creada y sostenida por ellos está presente desde hace años en África. Allí, dentro de sus posibilidades, ejercen esta medicina de alto nivel entre las personas más necesitadas y atienden luego a su apoyo escolar, de subsistencia y desarrollo de muchas familias: conjugan de verdad medicina y humanismo.






